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Nos situamos en Sunrise City, Año 2010, el mes de Enero, pleno invierno... como siempre, un frío que nos cala los hueso abunda en las calles. Anunciaron posibles chubascos para esta tarde, te recomiendo salgas abrigadísimo y lleves un paraguas contigo


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Era a la seis, ¿No? [Elol]

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Era a la seis, ¿No? [Elol]

Mensaje por Evadne C. Chatziantonioli el Mar Ene 25, 2011 10:45 pm

Llovía. Eso es lo que sus orbes pigmento garzo le habían permitido contemplar una vez se hubieron acostumbrado a la claridad del día. El firmamento lucía absolutamente encapotado a pesar de que se entreveía la tenue claridad que el astro rey llegaba a filtrar a través de las nubes. ¿Se debía de sentir de alguna manera? Bueno, si era así pronto lo sabría.
Ladeó la cabeza; las cinco y media de la tarde. Era una sensación como de estar flotando en una nube irreal y darse cuenta de que le dolía la cabeza demasiado para disfrutar de la situación. Menos mal que los ibuprofenos no se movían de su mesilla de noche. Extendió el brazo e intentó palpar la caja con varios y pequeños golpeteos con las yemas en la rígida madera. No tardó en dar con ella y al girarse y sacar la caja de pastillas se dio cuenta de que tan sólo quedaba media. Bueno, mejor poco que nada, era bueno contentarse con poca cosa. Se destapó y se levantó sin demasiada prisa, palpando el frío suelo de madera con la planta de sus pies. El desastre de su habitación era notorio, no debía de haber ni una prenda en su sitio; ¿Le importaba? No. Sonaba tan rotundo como su jaqueca matutina.

Se levantó pastilla en mano y se acercó a la puerta del baño sin demasiado ímpetu. Abrió el grifo, se recogió el cabello con una mano y se agachó para poder rozar con sus labios el agua, que sabía más a cloro que el propio elemento químico, pero para tomar una pastilla bastaba más que de sobra. Y eso que podía tomarla sin tragar ni una gota de agua; desde que había comenzado con los antidepresivos hacía tres años y los había dejado hacía unos seis meses. Pero era mejor o al menos no le sentaba tan mal al estómago.
Sintió la cápsula bajar por su esófago hasta el punto de ni tan siquiera notarla. Oh, mierda, se había olvidado de llamar a su hermana, aunque total le daría igual y a ella también. Sólo era una zorra malfollada. Se incorporó de nuevo y se miró al espejo por el mero hecho de estar en frente. Ni ojeras, ni rostro de cansancio, puesto que no eran muy propios de ella, mas sí ese semblante de póker que no se solía saber descifrar, ni su misma persona a veces. Agudo dolor en la parte frontal de la cabeza, como agujas; esa noche cuando fuese a la tienda de siempre, debería de recordarle a la encargada que no se estudiaba precisamente con los pies y que con el dolor incrustado en el cerebro difícilmente iba a poder seguir yendo a aquellas horas.

Salió del aseo y cogió la ropa de ayer, que debía ser la única que estaba medianamente doblada. Camiseta color rojo, pantalones largos azul oscuro y chaqueta de cuero de color negro. Playeros blancos y el cabello por peinar, tampoco es que fuera a ir a una cena de gala. Cogió el peine, se cepilló con cuidado y sin prisa ya que no iba a ir a ninguna parte en concreto. Seis menos cuarto.
Se echó la colonia de todos los días y salió de la habitación. Caminó por los pasillos de la residencia, bajando de vez en cuando escaleras y sin pararse a saludar a nadie. Seguía lloviendo, incluso con más intensidad que antes. Había quedado a las seis con Elol, por la mañana y por una vez no llegaría demasiado tarde. Se estaba malacostumbrando a la puntualidad.
Planta baja y el dolor de cabeza no remitía ni un poco, seguramente la dosis había sido insuficiente y ella lo sabía. Otra persona hubiera dicho que era por no desperdiciar el medicamento, mas ella no lo ocultaba; era también por soportar el impulso de volver a los antidepresivos. Mas bien sabía que estaba harta de depender de una capsulita de laboratorio, no más. Prefería otro tipo de pastillas y de cosas.

Abrió la puerta y pronto las gotas de lluvia comenzaron a calar su ropa, humedecer su cabello y enfriar su tez, a juego con el color frío e inerte de sus ojos. No le dio importancia o al menos la que no se merecía, total, la ropa era para lavar después de dicha jornada y desde muy niña la lluvia no había sido algo que la hiciese sentir diferente o incómoda. Por ello le agradaba precisamente, porque no la hacía sentirse de ninguna manera, al menos descifrable.
Caminaba sin un destino fijo al que llegar, observando su entorno y dándole vueltas a lo de anoche, con lo que se había dormido. No tenía mucha trascendencia. Buscó en su bolsillo y encontró una cajetilla de cigarros medio llena. Cogió uno y se puso uno en la boca, guardando de nuevo la caja y toqueteando todo su pantalón para encontrar el mechero.

-Joder...-parecía que al menos ello respondía a las amenazas, ya que lo encontró poco después. Lo encendió y le dio la primera calada, con los dedos de siempre, ya algo amarillos del uso. La mano a la cabeza y un suspiro ahogado, odiaba las jaquecas-.

Pronto llegó al jardín, nadie había allí. Seguramente por un cúmulo de razones bastante evidentes, como el hecho de no ser horas de estar fuera, hacer frío y estar lloviendo. Los estudiantes no solían estudiar a aquellas horas, con aquel tiempo y encima en casi fin de semana, la mayoría al menos.
¿Era consciente de que aquello podía ser catalogado de extraño, estrambótico, poco normal? La verdad es que no, pero si alguien guardaba esa opinión podía decírselo que le partiría la boca, ya que no conocía a mucha gente que tales días por la tarde saliera a pasear por el recinto de la academia. Se quedó parada en medio de la hierba y alzó la cabeza para contemplar como las gotas de lluvia impactaban en su rostro y resbalaban por su cuello y cabello. Sólo faltaba la otra integrante del trato.
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Re: Era a la seis, ¿No? [Elol]

Mensaje por Eloinne M. Kafka el Jue Ene 27, 2011 12:53 am

Abrió sus ojos azules lentamente, sin prisas; notando como todo lo de alrededor se balanceaba en un movimiento continuo. Pestañeó unas cuantas veces; todavía le costaba ubicarse. Mantuvo una larga temporada los ojos entrecerrados, notando como la luz de la habitación se colaba por sus pupilas haciéndole sentir un profundo y largo dolor de cabeza. Y entonces miró su mano izquierda, donde una botella de vodka del barato lucía entre sus dedos; vacía. Suspiró, deshaciendo sus dedos del cuello de la botella y dejándola ahí; en medio de su cuarto compartido tirada. Después miró a su alrededor, viendo como todo estaba desordenado, desastrado. ¿Qué había pasado allí? Y de repente escuchó una música que antes no estaba oyendo. Antes, su estado no le había permitido percatarse de la música que estaba sonando en aquellos momentos en esa misma habitación. Frunció el ceño, notándose así la molestia que le producía aquella música, cada vez con un volumen más alto. Miró hacia el suelo. Entre sus piernas podía distinguir su tarro de pastillas de LSD, también vacío. Volvió a suspirar, paseando la mirada por el suelo y viendo un par de pastillas que no habían sido ingeridas por la chica -Mierda -susurró, poniendo su típica cara de circunstancia cuando la cagaba. Tragó saliva e intentó ponerse en pie; consiguiéndolo a duras penas. La había cagado. Se había drogado y terminado una botella de vodka. La había cagado. ¿Y ahora que hacía? Nunca en la vida se había encontrado tan perdida como en aquellos momentos. Se sentía desubicada; siendo que se encontraba dentro del internado y en su propia habitación. ¿Hasta tal punto había llegado su desesperación por el alcohol y las drogas? No, aquello no podía suceder. No podía cederle su vida a las drogas y al alcohol.

Por tercera vez en lo que llevaba de estado consciente, suspiró. Se encontraba sentada sobre su cama, sin saber como reaccionar todavía; observando la botella y el par de pastillas que estaban en el suelo de su cuarto. No pensaba recogerlo, de eso estaba segura. La música continuaba sonando, haciendo que Elol lentamente curvase una tonta sonrisa y se balancease de lado a lado. Los efectos de las pastillas y la botella continuaban haciendo su trabajo en su organismo, pero ya poco le quedaba de aquel efecto. Abrió los ojos, deteniéndose y levantándose de la cama mientras se acercaba al reproductor de música para darle al Stop, aquella música terminaría por taladrarle la cabeza. Le dio al botón, manteniendo su mirada perdida en un cuadro que había en la pared sobre el reproductor. Era su nombre bordado. Eloinne, sin apodos y con las dos “n”. Entrecerró los ojos, recordando cuando ese cuadro cayó en sus manos.

Frío. Hacía frío. Se encontraba dos años atrás de la fecha actual, observando la nieve caer desde el alfeizar de su ventana en su ciudad natal: Finisterre. El fuego en la chimenea ardía fuertemente, caldeando así aquel pequeño comedor e iluminándolo mejor que la simple bombilla que colgaba en el techo. Eloinne tenía 15 años, tan solo era una niña queriendo madurar; queriendo ser adolescente de una vez por todas. Sonreía. Su abuela le había hecho aquellas magdalenas que tanto le gustaban; solo para ella, para nadie más. Y en aquellos momentos la pequeña estaba comiendo una de esas ricas magdalenas, todavía sentada en aquel alfeizar escuchando una música de fondo. Si, parecía una típica escena de película; pero a diferencia de las películas, el comedor en donde estaba ella se encontraba vacío, desierto. La música tapaba en realidad los gritos que estaban teniendo lugar en la cocina de la casa; donde su padre y su madre discutían por la infidelidad por parte de él. Su madre había caído en una depresión tras la pérdida de su hijo primogénito en un accidente de coche; en el cual Elol también se encontraba y no había sufrido daño alguno. Había sido un trauma para Eloinne, todo el mundo lo sabía pero nadie hacía nada por evitarlo. Los gritos aumentaban, pero la niña los ignoraba todavía en su alfeizar terminándose la magdalena cuando de pronto una mano tocó su espalda. Era su abuela, con su sonrisa resplandeciente entregándole aquel cuadro, para intentar animar su estado y que ella pronunciase alguna palabra en vez de monosílabos como hacía desde aquel accidente.

La mente de Eloinne volvió al cuarto en donde ella se encontraba, aquel desorden descomunal la estaba carcomiendo por dentro. Se dirigió hacia el cuarto del baño chafando con una de sus botas militares una de las pastillas sin darse cuenta. Se miró en el espejo, viendo su aspecto demacrado reflejado en él. Si, tenía un aspecto horrible. Suspiró, viendo como el rímel de sus ojos se había corrido dejándole manchurrones por los ojos. No le quedaba mal, pero no le hacía una persona aseada que digamos. Su pelo, mechones sueltos y despeinados caían de sus dos trenzas en cada lado; creando así un aire despreocupado a su estilo. Y sin saber el motivo, miró el reloj que adornaba la pared del lavabo. Quedaban cinco minutos para la hora acordada con Eva. Agarró su chupa de cuero, colocándosela sobre aquella camiseta negra de manga larga y la falda corta que mostraba así sus piernas; cubiertas por unas medias de rejilla. Cerró la puerta con un portazo, caminando por los pasillos como alma que llevaba el diablo. Aquel recuerdo no debía de habérsele pasado por la mente en esos momentos; después de haber tomado demasiadas pastillas y haberse terminado su botella de vodka. Suspiró, cruzándose de brazos y caminando por los pasillos con su característica parsimonia, sintiendo que ya llegaba tarde a la hora acordada con Eva. Al abrir la puerta que daba al jardín, pudo comprobar que estaba diluviando y que ni ella se había percatado en su cuarto de aquello. No le importó; e intentó visualizar a Eva con sus ojos azules moviéndose a alta velocidad. Al final la encontró, parada en medio del césped mirando hacia el cielo; observando las gotas de lluvia caer. Se situó a su lado sin pronunciar palabra alguna; no le apetecía hablar, tan solo estar en compañía de alguien. Sentía que en cualquier momento se derrumbaría y no quería que eso pasase en soledad.


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Re: Era a la seis, ¿No? [Elol]

Mensaje por Evadne C. Chatziantonioli el Jue Ene 27, 2011 9:20 am

La lluvia lo bautizaba todo, como si los errores pudieran enmendarse de alguna forma. La manera de hacerse oír de la naturaleza, la manera de no caer en el olvido. Golpeaba con suavidad en su nívea tez, quizás en un vano intento también de bautizar todos los errores que una vez hubo cometido. Gris.
El mundo era gris, no debido a la falta de color o a un punto de vista más bien pesimista, si no que nada era tan pulcro o nefasto como aparentaba ser, siempre había algo de negro en el blanco y viceversa. Los extremos absolutos se podían considerar la vida y la muerte, aun siendo relativos, pero nada más. Ella sin duda, pensaba que vivía en un mundo gris, más o menos oscuro.
Era como mirar un insecto a través de una lupa y luego a tamaño normal, todo era según el cristal con el que se mirase. ¿Y si el cristal era rojo?¿Se vería rojo aquel mundo gris? Ello era por lo que había tantas personas diferentes en el mundo.

Su vetado cabello comenzaba a empaparse, hasta el punto de asemejarse a las propias nubes ,puesto que las gotas resbalaban de sus puntas hasta morir contra el suelo, cubierto de más o menos mullido césped. Pensó en el ibuprofeno recién tomado, la sabia excusa para no recaer en algo que no le apetecía y los involuntarios esfuerzos para mantener sus fantasmas a raya. Escuchó unos pasos a su lado. La escuchó a ella.
Desde un principio hubo jurado que quien se acercaba era una mujer, puesto que los pasos eran profundos y un poco menos pesados que los de un hombre. Después, el mero recuerdo de aquel aire tan distinto en aquel día lluvioso le hizo identificar al sujeto con bastante más claridad. Elol, aquella presencia no tenía otro nombre posible.

En cierto modo le agradaba su compañía, o al menos no se le hacía tan molesta como otras y eso tan sólo a veces. El silencio entre ambas había sido desde un primer momento la forma de comunicarse, ambas sabían que desperdiciar saliva para nada era una pérdida de tiempo y más si tus palabras valían menos que ese silencio. No sabía si la había contemplado instantes antes de acercarse o simplemente había amanecido allí por puro impulso, aún no había llegado a conocerla bien del todo, pero de lo que estaba segura es que no se había acercado precisamente para pasar un buen rato a su lado, en el que reírse a carcajada limpia. Y eso que habían quedado. Ella no era así, Elol lo sabía; había una infinidad más de opciones. ¿Por qué? Estaba colocada. Y el dolor de cabeza debía de ser aun peor que el suyo. Hostil, a pesar de no ser dispares en algunos puntos de sus respectivos caracteres. Siguió mirando el cielo. La dicha no es más que sueño y el dolor la realidad.

El aroma de las flores invernales se intensificó con la lluvia, ya que los olores llegaban a ser mucho más notorios si el agua estaba de por medio, como el rocío. Creyó apreciar un leve tono a lavanda en la atmósfera a la par que la imagen de su hermana mayor se instalaba en su mente con dureza y crueldad, arrancando todo lo que una vez fue inocencia una vez más, si es que de ello quedaba aún rastro. Aquella sonrisa rota, amarga y ácida, que le había dedicado hasta el último día que compartió su vida con ella, le dejaba aún aquel extraño sabor metálico en los labios al hacerse semi-corpóreo en sus recuerdos. Eran igual que aquella lluvia, tan sólo cesaban cuando ya habían causado el daño suficiente. Una rosa sin espinas que envenenaba con su aparente belleza. ¿De qué servía ser hermosa si nada guardabas en el interior de tus carnes? El ser humano era el peor animal de todos.

Lo pasado ha huído, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo. Buscó su mano en la inmensidad del espacio sin tan siquiera pensarlo con cierta elocuencia. Allí estaba, suave al tacto y tranquila, sin ningún músculo forzado a contraerse. Tan sólo la rozó con las yemas de sus dedos alrededor de las falanges del último dedo de la articulación, el meñique, como si necesitara contacto con algo para mantenerse asida a la tierra. Un leve gesto, frío debido a que sus manos estaban congeladas por el ambiente tardío, algo amoratadas incluso. Le dio lo mismo. Mantuvo el leve contacto breves instantes hasta que volvió a separar su mano sin ninguna prisa, como si nada hubiera ocurrido. La mirada fija en el nublado firmamento. Una nueva calada al casi consumido cigarro.

El dolor de cabeza se intensificó pero ella le hizo caso omiso, ya que por mucho que se quejase o maldijera no iba a pasarse solo. ¿Por qué había salido? Bueno, de vez en cuando era producente el poder llegar a saber con toda seguridad que seguía estando igual de viva después de pasarse la mañana con una raya de crack no precisamente pequeña y media botella de whisky que le había cogido a una de sus compañeras. Ese de vez en cuando era todos los días mayoritariamente. La miró.
Por vez primera desde que había llegado se dignó a mirarla, sin esperar ninguna reacción aun así, sabía que ella no le iba a preguntar “¿Qué haces aquí bajo la lluvia?” o decir alguna frase gilipollas sin sentido alguno, o incluso una pregunta que ninguno querría formular o responder. Sí, a veces las palabras eran un completo estorbo. Se recordaba aún de cuando pensaba que era lo más necesario para comunicarse con todo el mundo, sobraban la mayoría de las veces con las personas con las que se relacionaba a menudo. Esperaba que no se hubiera tomado el gesto anterior como algo afectuoso o cariñoso, aunque creía que la conocía al menos lo suficiente como para no pensar ese tipo de cosas de su persona. Idiota el preguntar cómo estaba. No la dejaría sola, principalmente porque no estaba en condiciones.

-A caminar.-era lo único coherente y que era más valioso que el silencio reinante entre las dos que habría que pronunciar. Ella era directa y no lo decía como un reproche, simplemente por el hecho de que estaba bien saber el hecho de que si no te movías, podías palmarla ,aunque no soliera ser tan franca con los demás. Eloy era excepción. La vida la había enseñado a no ser totalmente franca con nadie y vivir sus problemas por su cuenta, pero ella era, en cierto modo…distinta. Sí, podía ser una palabra bastante acorde al sentimiento y la idea que tenía sobre ella. Curiosidad, también podría definirse a sí-.

El mirar garzo de la muchacha se quedó incluso más fijo que antes en la faz del joven, con un semblante totalmente impávido e inemotivo, pero invariablemente sincero y sencillo, pues el no hablar no significaba en ella que ocultase algo, ni fuera una persona retorcida por guardar alguna que otra cosa para sí. El cabello, absolutamente lacio debido a la incesante precipitación, el rostro empapado y la vestimenta un poco pesada de más. Si no caminaba, la sobredosis la golpearía con mayor fuerza. Tiró la colilla, la pisó y esperó algún movimiento por su parte. Ella había estado hacía unas horas parecida. Eso de llevarla de paseo no era del agrado de ninguna, pero sabían ambas por qué lo había dicho. Maldito dolor de cabeza.
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